Mar de Margaritas prescinde del texto para ir armando el relato a partir de imágenes inquietantes, cargadas de una sensualidad, que por momentos se torna peligrosa.
Un triángulo amoroso donde se mezclan el mundo de los títeres y el de sus manipuladores.
Sus personajes: Una mujer misteriosa con restos de margarita entre sus piernas, un joven enamorado sumergido en un baño de pétalos y una titiritera que no se resigna a su rol de manipuladora.
Una historia de amor triste: la mujer misteriosa desaparece, el joven muere de tristeza, la titiritera queda sola.
En Mar de Margaritas la autora juguetea con el rol del titiritero. La manipulación es entendida no solo como la ejecución de una operación manual, sino también como un manejo destinado al engaño.
El espectáculo dura aproximadamente 40 minutos. Destinado a público adulto.
Recorrido del espectáculo
Mar de Margaritas se estrenó en 2001 en la Sala Templum y se reestrenó en el Espacio Ecléctico en 2002.
Festivales:
- Festival por el X Aniversario de la Red de Promotores Culturales de Latinoamérica y el Caribe, LA RED (Teatro del Sur, Buenos Aires) en 2001.
- Primer Festival de Nuevas Tendencias Escénicas (Galpón de las Artes, Mar del Plata) en 2001.
- Experimenta 4 Teatro, Encuentro Internacional de Grupos (Teatro del Rayo - Rosario) en 2001.
- V Ciclo de Teatro Independiente (Centro Cultural La Máscara, Rafaela, Santa Fe) en 2002.
- Otoño Azul IV – Encuentro de Teatro Argentina 2003 (Azul, Bs. As.) donde recibió una mención especial del Jurado "por su propuesta arriesgada e innovadora".
- Festival Ojo Al Títere, (La Sodería, Ciudad de Tucumán) en 2004.
- 1er. Festival de Títeres para Adultos – Buenos Aires 2004 (CELCIT, Buenos Aires) en 2004.
- Segundo Ciclo de Teatro de Títeres para adultos – (Espacio Templum, Buenos Aires) en 2008.
Comentarios de prensa
Escenarios
MUÑECOS EN EL LIMITE DE LA FANTASIA
por Verónica Pagés
El estreno de Mar de margaritas -mañana, en Templum- refuerza la creciente presencia de la animación en la escena porteña
Vínculos cerrados. En Mar de margaritas, títeres y actores se relacionan para contar una historia en común
Una pequeña obra de títeres para adultos. Un muñeco, tres titiriteros -uno de ellos en franca rebeldía- y una misteriosa mujer de la que sólo se conocen sus piernas. Un triángulo amoroso imperfecto, que no puede dejar más que corazones rotos. Esto es lo que propone Mariana Trajtenberg -dramaturga y directora- con Mar de margaritas, que se estrenará mañana.
En la vieja casona de Ayacucho al 300, los últimos ensayos son ya pasadas generales sin cortes. El calor húmedo y sofocante no les disimula la sonrisa. No sólo disfrutan de lo que hacen sino que además intuyen que lo están haciendo bien.
De una belleza delicadísima, el muñeco creado por el ruso Pavel Kyslychko respira, y a través de esa respiración genera imágenes potentes, unas veces; sutiles, otras, pero siempre cautivantes.
Philippe le marin (Philippe el marinero) es el nombre de la fotografía de Pierre et Gilles que inspiró la historia. Un marinero llorando en un campo de margaritas. Eso era todo. Pero Mariana, Laura Monti, Daniel Scarpitto, Nelly Scarpitto, Claudia Villalba y Andrés Sahade -agrupados en la Compañía El Nudo- se propusieron buscarle su historia, una que no podía escaparle a la tristeza.
Luz sobre la mujer y Laura.
La mujer arremanga sus pantalones y deja al descubierto sus piernas, con medias de un rojo furioso y zapatos de tacón. La mujer siente una incomodidad. Saca de su entrepierna una margarita. La aplasta con el pie.
"La presencia de Laura -la titiritera- nos permitió reflexionar sobre su rol paradójico. Desde las sombras le da vida al muñeco hasta que se da cuenta de que ella también quiere estar en la luz, entonces se desprende e interactúa con el marinero como un personaje más. También pensamos la palabra manipular en dos sentidos: manejar con las manos, que es lo que hace esencialmente un titiritero, y en su significado cotidiano, manejar en forma engañosa. Y Laura manipula al muñeco de las dos maneras", explica Trajtenberg.
Mar de margaritas es música e imagen. "Hay que trabajar en el espacio, es muy difícil hacerlo en el papel y después venir con la obra terminada. Como decía un profesor, no le podés pedir al títere lo que no puede hacer. Tenés que estar todo el tiempo chequeando el títere y el espacio." El marinero se arrodilla al borde de una bañadera. Toma una margarita, la deshoja y tira los pétalos al agua. Entra en la bañadera.
Laura sale de su rol de titiritera: lo salpica, juega con un barquito de papel, le hunde la cabeza.
Tres titiriteros para un marinero de resina poliéster. Los tres a la vista y una penumbra que apenas los disimula. La curiosidad inicial por ver cómo trabajan se la devora el propio marinero, que parece quedar solo en escena. "Mi experiencia me dice que para adultos es mejor que el titiritero esté a la vista, el público enseguida deja de mirarlo y se concentra en el títere." El marinero busca entre las piernas de la mujer, pero ésta se lo saca de encima cada vez que el títere se acerca. La mujer se levanta y sale.
El marinero la sigue con la mirada. Se sienta a esperar que regrese.
La mujer no regresa.
"Nos preocupamos por buscar lo esencialmente titiritesco. Queremos que nuestros títeres hagan cosas que sólo ellos pueden hacer. Si la obra se pudiera hacer con actores, si se lograra el mismo efecto, lo haríamos con actores", concluye Mariana antes de volver a su mundo de muñecas, ese por donde alguna vez comenzó a dibujar su futuro.
Aparece Laura. Toma al marinero y lo sienta dentro de la bañadera. El marinero se va deslizando hasta que su cabeza desaparece dentro. Sale rápidamente, tose, recupera el aliento. Mira por primera vez al titiritero que lo manipula y le pide ayuda (...)