La vida cotidiana de Felipe, el elefante, se ve sorpresivamente interrumpida por la llegada de dos inexpertos cazadores.
Los animales buscan una solución hasta que descubren, después de pasar por una infinidad de situaciones disparatadas, que la mejor salida al problema es enfrentarlo todos juntos.
Recorrido del espectáculo
Hay que esconder al Elefante se estrenó en el Espacio Ecléctico en 2003 y se reestrenó en el Centro Cultural de la Cooperación en 2004. Recibió el subsidio para producción del INT y el estímulo a la calidad.
Festivales:- 1er Festival de Teatralidad e Infancia (Galpón de las Artes, Mar del Plata) en 2002, a modo de preestreno.
- VI Ciclo de Teatro Independiente (Centro Cultural La Máscara, Rafaela, Santa Fé) en 2003.
- Festival Ojo Al Títere (La Sodería, Ciudad de Tucumán) en 2004.
Comentarios de prensa
Nueva rebelión en la granja
Destinada a los más chicos, la obra recurre a un arsenal de muñecos y a una trama sencilla, que subraya el valor de la solidaridad.
Por Silvina Friera
Las escenas iniciales de Hay que esconder al elefante, interpretadas por el grupo El Nudo, transcurren en un ámbito natural, sin hombres a la vista. La vida cotidiana es tan placentera y pacífica que los animales forman una comunidad autorregulada, sin fisuras ni alteraciones. El elefante Felipe y sus amigos, una fauna integrada, entre otros, por un mono y un león, juegan tranquilos como la mayoría de los animales que se van integrando al retablo: peces muy coloridos, mariposas y pájaros. Sin embargo, la presencia de los hombres –que pronto irrumpirán en la escena– perturbará el ritmo cardíaco de ese lugar paradisíaco. Dos cazadores inexpertos, torpes y arrebatados, intentan obtener alguna presa que les proporcione satisfacción a sus instintos más primitivos. Los animales pequeños logran camuflarse entre las plantas, árboles y pastos. Pero el aparatoso Felipe no encuentra cómo ocultar su enorme humanidad. La trompa, las orejas, las patas o la cola lo ponen en evidencia y en peligro. Si en la sociedad prevalece el desamparo y la indiferencia frente al sufrimiento de los otros, el simpático zoológico titiritero buscará la manera de proteger al elefante, porque saben que si no se unen, la brutalidad de los cazadores arrasará con cada uno de ellos. Sólo será cuestión de tiempo.
Los títeres que representan a los animales cautivan a los niños que, lógicamente, se identifican con las víctimas, porque por la desidia de los hombres pueden perder la libertad. Ponerse en el lugar del perseguido, del que se siente acorralado por una situación que escapa de los parámetros de la normalidad, es un ejercicio frecuentemente practicado por los niños en sus juegos. La convención, entonces, indica que nada mejor que disparar la imaginación hacia el encuentro con el héroe sometido a las pruebas. La obra se construye a partir de este imperativo categórico: cada animal se empeñará en defender a Felipe, intentará ayudarlo y esconderlo. La empresa les deparará más esfuerzos de los que estimaban. Imposible disimular a semejante elefante ni como flor ni como montaña. Aunque todos ponen ingenio y creatividad al servicio del entrañable elefante, los recursos inventados para “salvar” al amigo se desmoronan en sucesivos fracasos. Hasta las triquiñuelas del león, convertido en mago, son un fiasco. El pañuelo rojo, con el que trata de cubrirlo y hacerlo desaparecer, no resulta –claro– lo suficientemente extenso para ocultarlo.
Los miembros de la compañía teatral El Nudo (Claudia Villalba, Daniel Scarpitto, Mariana Trajtenberg y Nelly Scarpitto), egresados de la Escuela Taller de Titiriteros del Teatro San Martín, conforman una cofradía de actores-titiriteros preocupados por utilizar la técnica de guante, una de las más complejas porque requiere de mucha búsqueda personal y entrenamiento para hallar la ruta que enlaza la manipulación con la actuación. El manejo de Felipe es impecable: sus movimientos poseen una dinámica tan graciosa que cuanto más se esmera el muñeco por cumplir las alternativas que le ofrecen sus amigos, se torna más elocuente su incapacidad en adaptarse a la situación. Los cazadores, burlados una y otra vez por la endiablada astucia del elefante, que siempre que está apunto de ser capturado consigue salir victorioso de las trampas, despliegan un torbellino de necedades que terminan, sin querer, funcionando a favor de los animales. Cuando atrapan al elefante dormido, ignoran que un complot está en marcha. Recuperar a Felipe y ahuyentar definitivamente a los molestos cazadores significa recobrar la armonía perdida. Y el ejército de rebeldes animales no está dispuesto a perder a uno de los suyos.
Destinada a los más chicos, Hay que esconder al elefante apuesta a divertir a su menuda platea. Para ello recurre a un arsenal de muñecos muy bien manipulados y a una trama sencilla, que subraya el valor de la solidaridad. El daño a uno solo de los animales genera un revuelo mayúsculo porque cada animal, para confirmar su existencia, necesita reconocerse en los otros como en un juego de espejos.
Un juego con títeres, tierno y emotivo
Por Ruth Mehl
"Hay que esconder al elefante", de Laura Monti, por El Nudo. Diseño y realización de títeres, Patricia Murúa. Dirección musical: Laura Alonso. Canciones: Patricia Murúa y Laura Alonso. Música: Laura Alonso y C. Giménez. Intérpretes: Claudia Villalba, Daniel Scarpitto, Nelly Scarpitto y Mariana Trajtenberg. Dirección general: Nelly Scarpitto. En Espacio Ecléctico, Humberto Primo 730, los sábados y domingos, a las 16.
Nuestra opinión: bueno
Se trata de un simpático juguete titiritero, una sencilla historia de animalitos, muy ingenua, evidentemente dirigida a la platea más pequeña.
Pájaros y mariposas
Después de presentar un lugar idílico, pacífico, con los animales jugando, el vuelo de pájaros y mariposas y peces que saltan, aparecen dos cazadores. Advirtiendo el peligro, los animales tratan de mimetizarse o esconderse. Todos pueden hacerlo menos el elefante Felipe, por su tamaño.
La acción consiste principalmente en buscar la forma de esconder a Felipe, cosa que les da mucho trabajo. Como montaña o como flor, arriba de un árbol, pronto se ve que ningún truco funciona, ni siquiera los que intenta el león haciendo de mago. Los cazadores han descubierto al elefante, pero su propia torpeza juega en favor de los animales, quienes conseguirán alejarlos.
La propuesta se maneja con muñecos muy atractivos y enternecedores, con buena manipulación, que mantiene el ritmo de la pieza y juega con simpatía. Pero lamentablemente no trasciende la dimensión de un juego simple. El argumento, sencillo, muy lineal, no trabaja personajes con profundidad o relieve. Los protagonistas no son suficientemente singularizados con gestos que hacen que cada uno sea individuo y, por lo tanto, no se construye una historia con ellos. Se los reconoce ingenuos, inocentes y solidarios, pero en grupo.
De todos modos, hay un trabajo impecable de puesta que denota buen nivel profesional y un juego tierno y divertido que pueden disfrutar los más chicos.

