El Nudo - Compañía Teatral

El Señor Nicodemo

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Una desopilante comedia en la que conviven actores, títeres y objetos. Una obra que sorprende por la simplicidad de la trama y la diversidad de los recursos, con un inesperado final musical.
El Señor Nicodemo es la historia de un antihéroe. Cuenta las desventuras de un hombre que, signado por la incipiente carrera espacial, sueña con llegar a las estrellas, y en este viaje encontrar el verdadero amor.

La pasión de Nicodemo por los cohetes se entrecruza con sus reiterados (y poco logrados) intentos de conquistar a las mujeres.

 

Finalmente logrará compartir su sueño estelar con una mujer muy especial, y por qué no espacial: Estela.
Cada episodio de la vida de nuestro antihéroe se cuenta con una técnica distinta: teatro de objetos, sombras, guantes, manipulación directa, cortometraje de animación, tantamaresca, teatro negro.
El disparador de la obra fue una anécdota familiar. Un niño (el abuelo de una de las titiriteras) decide repetir cuantas veces sea necesario el último año de la escuela primaria, hasta disuadir a su madre de enviarlo al seminario para convertirse en cura. Gracias a su tenacidad algo ingenua logra romper con el destino que le signó su familia.
Este punto de partida nos permitió bromear un poco alrededor de instituciones tradicionales como la familia, la escuela, la iglesia y también el ejército.

Duración del espectáculo: 60 minutos. Destinado al público adulto.

 

Recorrido del espectáculo

El Señor Nicodemo se estrenó en 2005 en el Espacio Ecléctico. Este espectáculo fue destacado por los Premios Teatros del Mundo 2005 que otorga la Universidad de Buenos Aires en el rubro “Diseño de títeres, objetos y mecanismos escénicos”. Recibió el subsidio para producción del INT y el estímulo a la calidad. También recibió el subsidio para producción de PROTEATRO.

Festivales:
  • IX Ciclo de Teatro Independiente (Centro Cultural La Máscara, Rafaela, Santa Fé) en 2006.
  • 3er. Festival de Títeres para Adultos – Buenos Aires 2006 (CELCIT, Buenos Aires) en 2006.
  • VI Festival Internacional de Teatro “Santa Cruz 2007”, (Santa Cruz de la Sierra, Bolivia) en 2007.
  • 1er. Festival Internacional de Títeres de Sombra – Buenos Aires (Universidad de San Martín) en 2007.

 

Dijo la prensa:

UNA COMBINACION DE ASOMBRO Y SENCILLEZ
Por Viviana Foschi


Es verdad que Buenos Aires guarda cientos de obras en un mundo sumergido no tan lejos de la orilla comercial. Es cierto que miles de espectadores acuden a las salas para verlas, sin embargo no todo brilla como esperamos. Por eso si! la necesidad de trasmitir al público obras impecables del off porteño que valen la pena disfrutar.
Este es el caso El Señor Nicodemo, la no tan triste historia de una pasión por los cohetes por “El Nudo” compañía teatral, que nos deja con la boca abierta ante cada sorpresa que despliega durante la función.
Un espectáculo de Títeres para adultos con dirección de Andrés Sahade y dramaturgia de Mariana Trajtenberg, se presenta los sábados 21,30hs y los domingos 20,30hs, en el Espacio Ecléctico.
Las voces de las interpretes Nelly Scarpitto, Mariana Trajtenberg y Claudia Villalba son excelentes .El carisma de Daniel Scarpitto alias el Señor Nicodemo, no hace más que cautivar al publico desde un lugar sencillo y mágico.
La complejidad de la puesta en escena con un corto de animación, sombras, objetos lumínicos y escenotécnia se combina con la simpleza de la historia, la cual nos hace viajar al niño dormido que cada uno tenemos dentro. Nos sumerge en un mundo de sueños y juegos olvidados.
Quizá el señor Nicodemo pueda ser ese bello lunático que todos apagamos un día cuando crecimos…
El Nudo (compañía teatral) nació en el año 1988 y todos sus integrantes son egresados de la Escuela - Taller de Titiriteros del Teatro General San Martín.

Función presenciada en fecha 1/05/05

EL SEÑOR NICODEMO
Por Gabriel Peralta


De asombro en asombro nos lleva El Sr. Nicodemo y su afán de llegar a Marte.
Para contarnos la historia del citado Sr. la compañía El Nudo utiliza diversas formas del arte: la titiritesca –dedos que se transforman en marcianos, títeres de sombra nos muestran el paso por la escuela de Nicodemo, una marioneta trapecista mucho más que coqueta-; la teatral –una familia con cierto rasgo en la cara que los distingue, una compañía de circo que no gana para sustos-; y hasta el cine de animación que    nos muestra, en un precioso corto, un momento decisivo del héroe de esta historia.
El aspecto técnico del espectáculo es impecable e imaginativo. Un inmenso aparador se transforma en una inagotable caja de sorpresas gracias a la escenografía de Osvaldo Ferraro y a la pericia escenotecnia de Duillo Della Pitima.
Las luces de Leandra Rodríguez son simplemente perfectas.
El vestuario a cargo de Sofía Di Nuncio es un acierto tanto en los modelos, colores y texturas del mismo.
Los actores-titiriteros – Daniel Scarpitto, Nelly Scarpitto, Mariana Trajtenberg y Claudia Villalba- , se multiplican y logran momentos de gracia, ternura y emoción    apreciándose una técnica impecable como titiriteros y labor actoral, dentro de la cuerda del clown, de gran soltura.
El perfecto engranaje del espectáculo contó con la sensible dirección de Andrés Sahade.
El Sr. Nicodemo nos rescata el niño que tenemos dentro y nos lleva a un viaje que, aunque no lleguemos a Marte (en fin… nunca se sabe), bien vale la pena embarcarnos en él.

Andrés Sahade Y Daniel Scarpitto hablan de  “El Señor Nicodemo”

LOS JUEGOS DE LA EVASION
Por Cecilia Hopkins

Los teatristas explican cómo concibieron la puesta de la compañía El Nudo, dirigida a espectadores de diez años en adelante.

El señor Nicodemo se presenta en Espacio Ecléctico.
Desde que se iniciaron como grupo, hace 7 años, los cinco integrantes de El Nudo Compañía Teatral mantienen la costumbre de turnarse en el rol de la dirección, en función de cada proyecto. Si en Un mar de margaritas –obra para muñecos y objetos destinada a un público adulto– prevaleció la oscuridad y el dramatismo, en El señor Nicodemo, su último estreno, aparece una faceta completamente diferente de los mismos creadores. Esta vez bajo la conducción de Andrés Sahade, el equipo concreta en el Espacio Ecléctico (Humberto Primo 730) una historia capaz de ser disfrutada por espectadores desde los diez años de edad en adelante.
La conquista intergaláctica –un tema que obsesiona al protagonista, un cincuentón a punto de casarse– es el eje sobre el cual giran sus recuerdos, mientras ultima los preparativos de la indumentaria que vestirá en su boda. A partir de una serie de recursos narrativos que incluyen muñecos y objetos pero también actuación, el grupo corporiza en escena las imágenes de los juegos infantiles de Nicodemo, sus días en la escuela, el recuerdo de la llegada a la Luna de la Apolo 11, el entierro del padre, su fascinación por el circo. En él, la pasión por los cohetes tiene mucho que ver con su deseo de evasión de una realidad diferente a la que los actores y manipuladores despliegan en escena con la ayuda de diferentes técnicas, apoyados en el dispositivo escenográfico creado por Osvaldo Ferraro. La dramaturgia del espectáculo pertenece a Mariana Trajtenberg, quien también integra el elenco, junto a Daniel y Nelly Scarpitto y Claudia Villalba. El actor y el director, en una entrevista con Página/12, se refieren a las características de esta nueva propuesta de El Nudo.
–¿Cómo explican el cambio rotundo de modalidad y temática?
Andrés Sahade: –Un mar de margaritas fue una obra minimalista, acotada, intrigante. Pero nosotros como grupo no queremos quedar pegados a esa estética de lo misterioso y truculento, porque si bien hicimos ese trabajo, no somos un grupo oscuro. Por eso, esta vez quisimos probarnos haciendo una comedia. Lo que nos distingue como artistas es seguir fieles a nuestro propio deseo.
Daniel Scarpitto: –Nuestra personalidad grupal tiene más que ver con una modalidad de trabajo que compartimos, con nuestro gusto por la prolijidad y los detalles...
–¿Cuál fue el punto de partida?
A. S.: –El señor Nicodemo nos surgió del deseo de indagar sobre diferentes técnicas. En el espectáculo hay fragmentos de la historia contados desde el teatro de sombras, el títere de guante, tantamaresca (criatura que combina el cuerpo de un muñeco con la cabeza de un actor) y manipulación directa. Además, abrimos con teatro de objetos y cerramos con teatro negro. Y también hay escenas en súper 8, animación cuadro por cuadro, obra de Claudia Villalba.
D. S.: –El personaje apareció de una anécdota familiar: al abuelo de una de las intérpretes querían hacerlo estudiar para cura y él resolvió repetir el último año de la escuela tantas veces como fuese necesario, hasta que cambiaran de idea.
–¿Se pasa con facilidad del teatro para adultos al teatro para todo espectador?
A. S.: –La obra fue concebida para adultos, aunque ahora nos planteamos dirigirla a espectadores de diez años en adelante. Nosotros la hicimos poniendo adelante el niño que tenemos dentro, si bien la dedicamos a un público adulto. Igualmente nos gusta mucho hacer obras para niños.
D.S.: –Los títeres y objetos tienen un poder de transformación ilimitado. Con ellos se puede contar una historia de mil maneras diferentes y llevar al máximo la metáfora de lo teatral. En todos los casos, siempre apelamos a nuestra capacidad de juego.
–La música (a cargo de Laura Alonso, Federico Palmero y José Ríos) llama la atención...
A. S.: –Sí, está inspirada en La madre tierra te escucha, la canción que el astronauta soviético Yuri Gagarin cantó luego de concretar su viaje espacial. Fue muy difundida por la radio y fue, durante años, un himno de la república socialista. Muchas de las cosas que aparecen en la obra fueron pautándose a partir del gusto de cada uno, como respetando nuestros caprichos y temáticas personales.

Para adultos: un fenómeno en crecimiento

TITERES PARA CONTAR HISTORIAS A LO GRANDE
Por Verónica Pagés - De la Redacción de LA NACION


Hace años que los títeres dejaron de ser privativos de los espectáculos para chicos, es cierto, pero que en la cartelera teatral porteña se anuncien siete obras de títeres para adultos, que haya un par más en las gateras a punto de estrenar y que un nuevo festival del género esté puliendo los últimos detalles, lo mínimo que hace es llamar la atención.

En el Espacio Ecléctico, el Señor Nicodemo cuenta su historia de amor por los astros y por una monociclista de circo; en La Scala de San Telmo dos muñecos se meten en "El retablo del maese Pedro", de Manuel de Falla, para contar pasajes de la vida de Lorca en un espectáculo en donde el acento está puesto en lo musical. En el Teatro del Viejo Palermo, un títere es el callado testigo -dueño de un bar- de las historias de varios perdedores que se animan a buscar otra oportunidad. Otros muñecos, hasta hace pocos días, daban vida a los tangos y las milongas, de la mano de una pionera como Sarah Bianchi, en el Maipo. Y así se podría seguir despuntando historias como las que se cuentan en el Centro Cultural de la Cooperación, en el Celcit, en Templum.

"Es cierto que es un momento de mucho movimiento, quizá se deba a que a fin del año pasado egresó una nueva camada de la Escuela de Títeres del Teatro San Martín. En esa escuela se presta mucha atención a los espectáculos para adultos", explica Carolina Erlich, una de las integrantes del grupo El Bavastel, que por estos días está haciendo "Vida bífida", en el Celcit. Esta pieza cuenta la historia de un hombrecito llamado Ramírez desde que nace hasta sus últimos momentos, quien tiene la mágica oportunidad de revisitar cada etapa de su vida para "ver qué hubiese pasado si hubiera decidido otra cosa de la que decidió".

Si bien hace más de 30 años que los títeres para adultos empezaron a colarse con más contundencia en las propuestas teatrales porteñas - gracias al trabajo de Ariel Bufano y la creación de la escuela y del cuerpo estable del Grupo de Titiriteros del Teatro San Martín-, fue El Periférico de Objetos el que, más acá en el tiempo, se animó a experimentar en profundidad con el títere dentro de un código alejado de toda ingenuidad. Con este estilo, le dio pie a un público ávido por disfrutar propuestas nuevas y meterse en un mundo que no tiene límites.

"Si bien es cierto que no es un fenómeno masivo, lo que se ve es una fuerte tendencia a ir generando expresiones artísticas que concentran los dos lenguajes teatrales: el títere y el actor. Estoy segura de que con el paso de los años se lo va a reconocer como un lenguaje para adultos, sin que le llame la atención a nadie”, dice Adelaida Mangani, directora de la Escuela y del Grupo de Titiriteros del Teatro San Martín.

A la hora de presenciar un espectáculo de títeres para adultos y otro para chicos, más allá de las historias y de la factura (uno y otro llevan un trabajo concienzudo y minucioso, por dar un ejemplo: las chicas de El Bavastel construyeron 17 muñecos de Ramírez para contar su historia), hay, en principio, algunas diferencias en ese público que se ubica ansioso en la platea para que le cuenten una historia.

“Los chicos compran más rápido el código, pero con los adultos es interesante lo que sucede en el nivel de la emoción, porque cuando sienten es fuertísimo. Es un instante mágico en el que decís «ya está, entró»”, cuenta Carolina Erlich sobre lo que puede espiar en las funciones.

La experiencia también le dice a Mangani que los adultos son más desconfiados, que necesitan más tiempo para poder aceptar las convenciones. “Es que el teatro de títeres es la convención teatral llevada a su máxima expresión. El espectador adulto no sólo tiene que creer que ese objeto inanimado está vivo, sino que debe creer que lo que le pasa es verdad. Por eso, cuando entra en el juego, lo que sucede es arrasador. Es ahí cuando no hay diferencia entre tener un espectador adulto o uno niño”, detalla Mangani, quien está por estrenar en una sala pequeña (todavía sin definir) “La mujer de la lámpara”, una versión para adultos del cuento de Hans Christian Andersen, “La niña de los fósforos”.

Cosa de grandes

El grupo El Bavastel, que ya tiene doce años de historia, alterna propuestas para chicos con otras para grandes, pero está claro que la apuesta fuerte en materia de experimentación apunta hacia el público mayor. Ellas (son todas mujeres) son las encargadas de organizar el II Festival de Títeres para Adultos, que se realizará en junio, en el Celcit. “Ya el año pasado tuvo mucho apoyo, tanto que nos sorprendió. Es evidente que se está dejando de lado el prejuicio que relaciona al títere con lo infantil”, sigue Erlich.

Por su parte, Andrés Sahade, integrante del grupo El Nudo –con “El Señor Nicodemo” recién estrenado en el Espacio Ecléctico–, asegura que ellos no encaran al espectáculo “como una obra de títeres, sino como una de teatro en la que los títeres aparecen porque no se podría hacer de otra manera.” Ese hacer al que el director de esta puesta se refiere les llevó, en este caso, más de un año de trabajo.

“Con los títeres tenés que ir pensando la obra, escribiendo y probando en forma paralela para saber hasta dónde da el títere o la técnica que imaginaste para cada situación.” Y se entiende lo del año de trabajo al ver esta comedia en la que interactúan actores y títeres desde las más diversas técnicas: títeres de guantes, de varilla, de sombras, con manipulación directa. “La variedad es para nosotros una manera de mantener la atención del público adulto. Es una cuestión de sorpresas”, explica Sahade.


Hasta hace unos días, Sarah Bianchi andaba con sus muñecos en una obra de títeres y tango en el Maipo; ahora está con ganas de encarar tres nuevos proyectos: “Reponer «Un hogar sólido», de la mexicana Elena Garro; hacer algo con pantomimas y filmar una película en la que interactúen actores y títeres para hablar de la intimidad de los titiriteros. Sí, sé que es un proyecto loco”, responde ella a una pregunta propia.

“Lo que pasa es que no hay que dejar caer este buen momento, en el que finalmente el adulto se está convenciendo de que el títere no es necesariamente para chicos; de hecho, es una manera de volver al origen porque el títere nació para contar mitos, ritos religiosos, cosas de grandes. Los títeres eran personajes teatrales y con el correr del tiempo se transformaron sólo en muñecos y, por ende, se los empezó a vincular con los chicos”, explica esta maestra titiritera de 83 años y más de 60 de trabajo.

“Pensar que mi primera obra de títeres para adultos, allá por 1947, duró en cartel menos de una semana y eso fue gracias a nuestros amigos”, concluye Sarah –ahora– risueña.